27 enero, 2009

CARA y cruz del INEM

Salí de aquél despacho con la carta de despido en el bolsillo y una vida destrozada. En apenas un segundo todo quedó tambaleando. Yo el primero.

Después de todo lo que había hecho, después de todo lo que había perdido de estar con mi familia, pensando que me recompensaría en el futuro con una vida mejor, después de horas y horas y mas kilómetros y peligros expuesto en la carretera durante 9 años todos los meses, todos los días para cubrir unos objetivos y unos valores, ahora que acabo de casarme y tengo una casa y una familia que mantener, me quedo sin lo único que nunca me ha faltado: trabajo. ¿Qué voy a hacer ahora?

Al día siguiente cogí mis 4 libros de tarjetas que tengo y comencé a llamar a gente para ver si tenían un puesto de lo que fuera en su empresa, todos contestaban lo mismo: “perdona nos has pillado en un momento muy malo. Ahora mismo estamos echando a gente porque no podemos pagarles” “si estuviésemos en otras circunstancias ya estarías trabajando con nosotros” ETC,ETC,ETC. No encontré absolutamente nada.

Tan solo me quedaba inscribirme en el paro. Sólo las personas que lean esto y que han pasado por mi trance sabrán perfectamente de qué les hablo.

El martes entré en el INEM y sentí vergüenza. Temía encontrarme con algún conocido. Duró poco mi estancia aquel día. Un par de horas. Y cuando salí e iba caminando por la calle, de vuelta a casa, no levantaba la cara de la acera. No quería ver a nadie, no quería hablar con nadie. Sólo deseaba estar solo y me fui a desahogarme a mi rincón especial, la orilla del mar.

Lo peor fue los primeros 15 días en casa. No dormía por las noches, apenas comía. Me sentía mal y no tenía ganas de nada. Nervios, muchos nervios. Estrés por estar entre cuatro paredes en lugar de estar de viaje, conociendo gente y cerrando tratos. No sabía qué demonios hacer. Tan sólo tenía la paz de mi mujer y su apoyo incondicional, su confianza en mí en todo momento, sus palabras de ánimo. Es lo mejor de estos dos meses, estar más tiempo con ella y compartir más cosas.

Hoy sigo sin trabajo pero no paro de hacer cosas. Sé que en algún momento mi suerte cambiará a mejor, porque a peor no puede ir. Me estoy formando con distintos cursos para estar mejor preparado cuando vuelva al tajo. Intento hacer más deporte que antes y cuidar más a mis amigos.

Lo más importante es ser positivo para que te pasen cosas positivas, esto lo leí en un libro muy interesante. A partir de este cambio de mentalidad y optimismo he tenido varias ofertas de empleo, incluso me estoy planteando la posibilidad de montar mi propia empresa. De nuevo, en otro segundo, mi vida ha vuelto a cambiar, pero esta vez con dos diferencias: el que la ha cambiado he sido yo; y el cambio ha sido para mejor. Esto va para todos:

“¡Sed positivos, vivir la vida, que estamos 4 días y todo pasa!” Un saludo desde la cola del INEM. Os prometo que de momento…
Firmado: ¿Qué importa quién lo firme?

3 comentarios:

Álvaro Dorian Grey dijo...

Por suerte he pisado "solo" un par de veces un oficina del Inem pero debo reconocer que, lo que escribes, es lo que se siente al salir de allí.
Es difícil ser positivo cuando estás en esa situación y la cosa se alarga, pero se "tiene" y se "debe" tirar pálante y plantarle cara all pesimismo.
Estoy contigo
Saludos y salud

Poli dijo...

Un abrazo fuerte
aunque no te dé de comer, ni pague las cuentas...

inesuja dijo...

cuando te dan la patada en el curro después de dejarte la piel te hunden, a mí me ha pasado, y es una pena porque en el siguiente puesto no te fías ni de tu sombra y desde luego pasas de dar el callo a tope; total, para lo que va a servir...
oye, que yo soy de chinchilla!!
un saludo!!