27 marzo, 2008


El Corredor de la muerte (parte 3/3)

Por todo ello, abogo y pido luz en los pasillos, sonidos en las paredes y vida en la vida misma. Que este y otros temas relacionados se conviertan en debate social. Basta ya de ocultar y disimular las tristezas y las desgracias, saquémosla a la luz para intentar solucionarlas y, si no fuera posible esto, al menos colaborar y ayudar para que el afectado las lleve mejor. La solidaridad entre las personas no tiene por qué estar reñida con el tan conocido Estado del bienestar, porque ya hemos definido el significado de esta palabra, y porque este es un derecho de todos, independientemente de la condición social que se posea: raza, sexo… o edad. Todos tenemos ese derecho, la obligación es conjunta.

Cuando hablo de las necesidades del colectivo social de la Tercera Edad, también aludo a otros como el Cotolengo, como los mendigos o transeúntes que duermen en la calle sin una sola oportunidad para rehacer su vida, porque en nuestra Constitución no se recoge, por ahora, ningún derecho a morir con dignidad, pero sí recoge el derecho a la vida y el derecho de las personas. El increíble desarrollo que hemos experimentado también tiene sus contrapartidas.

No todo son teléfonos móviles ni todo son últimas tecnologías; también hay sectores sociales que requieren de las atenciones públicas y de las atenciones humanas. Eso de ser ciudadanos europeos y libres está muy bien, pero siempre y cuando estemos todos integrados en una sociedad, que desgraciadamente tiende a ser más individualizada y cada vez más egoísta. Si algo nos diferencia del resto de animales es la humanidad.

Recursos humanos y económicos son los que convertirían estos corredores de la muerte en corredores hacia la vida, donde estas personas disfrutarían como se merecen de los pocos o muchos años que les queden por vivir, pero que los vivan, y que los vivan con dignidad. ¿Sólo los que tienen "la pela" pueden hacerlo?

Hace falta un cambio en la política respecto a la Tercera Edad, que debe ser junto a la Infancia los colectivos sociales más protegidos y más mimados por todos, por los ciudadanos y por el Estado. No quiero abuelos que miren la televisión sin oír más que el sonido de sus corazones marcando las horas de su muerte, quiero verlos por los parques y por los bares, echando sus partidas de dominó y contando sus anécdotas con los ojos llorosos para hacernos revivir el pasado que nunca jamás hemos de olvidar.

Somos hoy en día gracias al ayer. Somos hoy en día gracias a estas personas que lucharon por sobrevivir y que merecen la felicidad tanto o, porque no decirlo, más que ninguno.

Compañeros, queda todavía mucho camino por andar, brindemos que hoy es siempre todavía…

2 comentarios:

cecilia dijo...

Mucho mejor el blog. La letra negra sobre fondo blanco se lee mucho mejor. Más elegante y más apetecible para leer

Carlos F. dijo...

Gracias Cecilia por tu opinión, reconforta mucho.